Hola a todos. Alaska, más que un estado de EEUU es un regalo para todos los que amamos la naturaleza en su estado más puro y salvaje. Es el reino de la taiga y la tundra, zonas en las que, entre especies tan emblemáticas como el lobo, el alce o el caribú,  habitan las subespecies de oso pardo más grande del mundo, y a ellos voy a dedicarle este primer post sobre un viaje inolvidable por “la última frontera”.

El oso grizzlie (Ursus arctos horribilis) es muy común por todo Alaska, algo que se deja notar en las señales que alertan del peligro que suponen estos plantígrados al inicio de cualquier sendero, obligando a tomar ciertas precauciones para que los encuentros con osos no sean excesivamente peligrosos. Pero hay ciertos “santuarios salvajes” en los que su densidad de población crece mucho y por suerte pudimos disfrutar de 2 de ellos, el parque nacional de Denali y Crescent Lake.

El parque nacional de Denali debe su nombre a la montaña más alta de Norteamérica, antes llamada McKinley (6194m) y se sitúa en el corazón de Alaska. Es un punto de obligada visita para cualquier turista, y en mi caso ha sido uno de esos lugares que me dejó huella y al que algún día me gustaría volver.

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En próximas entradas os enseñaré mucho más de Denali pero hoy os presentaré a unos de sus habitantes ilustres, los Grizzlies.

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Las fotografías que pude tomar de estos espectaculares animales no fueron las mejores, pero verlos tranquilamente mientras buscaban las abundantes bayas otoñales de Denali fue un regalo para la vista.

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Pero este viaje nos guardaba un día soñado en el que un hidroavión, después de sobrevolar glaciares que cubrían volcanes, nos iba a dejar en un auténtico paraíso llamado “Crescent lake”, un lago increíble de aguas turquesas encajado entre montañas de más de 3000 m. al que sólo se puede llegar por el aire, en el que durante unas horas íbamos a inmiscuirnos en la vida de los Grizzlies de Alaska.

Momentos antes de llegar al destino, la emoción iba en aumento, un oso nadando en medio del lago nos daba la bienvenida, un buen aperitivo de lo que nos esperaba.

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Tras aterrizar, un viejo bote nos esperaba para llevarnos junto a estos hermosos animales que se acercan a Crescent Lake en busca de los salmones que les proporcionarán reservas suficientes para pasar el invierno.

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No pasaban ni 2 minutos cuando nos acercamos al primer oso que con paciencia buscaba los nutritivos salmones, medio andando medio nadando…

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El oso nos ignoraba, aunque lo llegamos a tener a apenas 5 metros, tan cerca como para poder sentir su respiración, algo inolvidable…

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No todo en el paraíso es maravilloso y miles de mosquitos revoloteaban alrededor de cualquier animal del que poder alimentarse, pero nada como una buena sacudida para darles su merecido a los molestos insectos…

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y mientras disfrutábamos de su presencia, en sólo un segundo ¡zas!, el primer salmón había caído entre sus garras y nuestro amigo nos regalaba unos momentos increíbles…

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Era hora de dejarlo comer tranquilo e ir en busca de más osos. No tardaríamos ni 5 minutos en ver otros osos, unos más tímidos que otros, pero todos regalándonos unos momentos difíciles de superar…

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El viejo macho nos observaba tranquilo, consciente de su poder y su dominio en el lago…

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La búsqueda era emocionante y el entorno de cuento me hacía pensar si todo aquello era real…

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Uno de los momentos más divertidos nos lo iba a regalar un jovenzuelo al que llegamos a tener muy muy cerca y que jugaba con un tronco, cansado de tanto buscar salmones. Sus miradas de curiosidad fueron un regalo único…

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En dos ocasiones tuvimos la suerte de acercarnos a osas con crías que seguían a sus madres como podían mientras éstas buscaban alimento para sus esbardos. Una de ellas atrapó un salmón muy cerca de nosotros, poniendo un poco de tensión al asunto y enseñándonos sus temibles fauces.

IMG_9226IMG_9220IMG_9230Sin duda, Crescent Lake es un buen sitio donde criar para los osos ya que llegamos a observar una madre con hasta 3 crías, algo poco usual…

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Se acercaba el final de la jornada y nos quedaba otro momento de tensión, cuando un macho se acercó a la familia que comía tranquilamente en la orilla. La madre salió a su encuentro entre la espesura para proteger a las crías, pero a pesar de no poder ver la escena completa, los gruñidos de la contienda nos sobrecogieron tanto o más que a sus pequeños, que esperaron junto al salmón el desenlace de la pelea. Pasados unos segundos, tras alejar al intruso, la madre comenzó a llamar a los oseznos mediante unos fuertes soplidos a los que éstos contestaron de la misma forma y corriendo a su encuentro.

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Pocos broches podían haber más emocionantes a un día soñado, que guardaremos siempre en nuestra memoria como el día que la naturaleza más pura y espectacular de Alaska nos dejó disfrutarla a escasos centímetros.

Saludos

 

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  1. Cris dice:

    No lo podías haber descrito mejor! Gracias por conseguir que reviviese las sensaciones de aquel día tan emocionante en un lugar espectacular. Ojalá podamos volver algún día! TQ!

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  2. Javier Barcelona Llop dice:

    ¡Cómo se nota que las fotos las ha hecho un aragonés! Estupendas imágenes y excelente el texto. Besos a los dos, que seaís felices y que tengáis ocasión de repetir una experiencia similar.

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